jueves, 23 de febrero de 2012

Hugo - La invencion de Hugo Cabret




Martin Scorsese tiene fama de ser un gran director de films que no son para todos los géneros. La mayoría de sus obras maestras como Taxi Driver, Goodfellas o Toro Salvaje son para un público mayor donde se retratan temas más oscuros y marcados por una cruenta cuota brutal; pero ya a sus 65 años realiza una obra totalmente diferente y ajena a sus producciones, distinta en forma y fondo pero que lo consagra como un enorme cineasta.

Hugo narra la historia de un niño huérfano que vive escondido en una estación y se ocupa de arreglar relojes. Se verá envuelto en una misteriosa aventura cuando intente reparar un robot estropeado. Un día conoce a una chica (Chloë Moretz) que tiene la llave que podría resolver el misterio del robot... El guión adapta un libro infantil que ganó el premio Randolph Caldecott en 2008.

Cuando me enteré del film no me llamaba la atención lo suficiente, es más, pensé que sería una película que no lograría trascender por ser un estilo ajeno a lo que este mítico director ha elaborado; pero tras un muy interesante trailer y un par de reseñas previas consiguió atraerme lo suficiente para visionarla. ¿El resultado? Insuperable.

Hugo es Cine, es vida, es magia, es fantasía. Somos transportados a vivir una aventura única donde los inicios del séptimo arte forman la parte trascendental del film y su construcción ayudados de la aventura que comienza un niño huérfano y su amiga recién conocida logrará tocar el corazón hasta del más duro. Una película tan humana como profunda.

Scorsese logra un trabajo de dirección enorme, quizás su mejor trabajo en los últimos 20 años. Sabe tocar la fibra emocional en el momento preciso y evoca la sonrisa y el suspenso a partes iguales sin desperdiciar nada.

Hugo habla sobre la soledad y la frustración, sobre el vivir los sueños, sobre creer el propósito por el cual se existe y se lucha. Hugo dice "Es mi última oportunidad de funcionar" en un momento de la película, un niño que no tuvo la fortuna y el placer de disfrutar de una compañía materna, pero que su único ídolo fue su padre, quien luego falleció sin siquiera decirle adiós. Hugo creció a escondidas, siendo un sobreviviente más en la estación de trenes de la ciudad Luz a expensas de lo que pueda suceder y lo que el destino tenga para él. Pero Hugo Cabret es brillante, perspicaz y ambicioso el buen sentido. Tiene orgullo y a la vez es humilde, ha forjado su carácter en un mundo donde el más sabido logra sobresalir. Scorsese nos hace parte de esta historia empezando con un prólogo de lo mejor en años, y luego volviendo a cautivar con cada fotograma. Hablando de sueños Hugo tiene la sutileza y la inteligencia de presentarnos a diferentes personajes marcados por algo en particular, esta vez, sueños frustrados. Hugo es un niño que a temprana edad le han roto las esperanzas de creer en algo, pero aun no se rinde, busca la manera de descubrir un secreto que piensa ser la clave de algo importante en su vida, y desde un inicio a contrapartida, al personaje de Ben Kingsley le intuimos que también ha perdido algo en su vida, algo del pasado que lo ha marcado con desdén, juntos en universos diferentes buscan cumplir sus sueños, recuperarlos y vivir en ellos.

Hugo habla sobre traspasar barreras y las limitaciones. Con constancia y sin desentonar el sentido del film, presenciamos cómo diversos personajes deben lidiar con sus "problemas" para conseguir lo que desean, lo que al final logran beneplácitamente.

Hugo es cine en todos sus minutos, todas sus escenas están propuestas y marcadas con una sensación de estar disfrutando de una mezcla de lirismo y creatividad a porciones iguales.

Es el mejor homenaje al cine desde la maravillosa Cinema Paradiso (ni siquiera The Artist con todos su premios emula con gran tacto la magia de esta película).

Asa Butterfield y Chloe Moretz son los encargados de transportarnos a esta aventura simpática que se vuelve cada vez más vibrante. Ambos se lucen, en especial el primero, que interpretando a Hugo logro interpretar que tiene un prometedor futuro como actor. Ben Kinsgley está notable al igual que Helen McCrory y Sacha Baron Cohen.

El guión está plagado de hermosa frases, tal vez en conjunto a muchos les parezca predecible, pero por separado en momentos exactos tiene el enganche y el encanto preciso y necesario: "Si alguna vez preguntan de dónde vienen tus sueños, mira a tu alrededor" o "Ven y sueña conmigo", definitivamente calan en los sentidos más recónditos de todo buen cinéfilo que se preste.

Y la ambientación se soberbia. En años he visto una ambientación igual a la que se recrea en Hugo. Dante Ferreti hace un trabajo superior y el vestuario de Sandy Powell es notable (Oscar ya!); y Howar Shore consigue plasmar una banda sonora perfecta para la película con temas constantes llenos de vida y esplendor que aúnan singificativamente el valor que el film posee.

Hugo es una obra maestra trabajada con pulso y atino. Un encantador recorrido por los orígenes de nuestra pasión, el cine, que no desentona ni por un momento y convierte lo que a principio parece infantil, en una muestra clara y contundente del poder de las imágenes, de que el cine es magia, y una magia que vive.

¡No se la pierdan por nada! Disfrútenla como si fuera una más, pero terminarán encantados y tocados como yo.

Tiene 11 nominaciones al Oscar, si por mí fuera no dudaba en darle todos.

La Piel que Habito




En La piel que habito (2011), un Pedro Almodóvar de lo más inspirado nos ofrece su versión del mito de Pigmalión, en clave perversa y esperpéntica, apoyándose en el texto del escritor francés Thierry Jonquet.

Aunque se trataba de un proyecto que llevaba varios años rondando en la cabeza del cineasta manchego –trasladar a la gran pantalla la novela negra Tarántula (Mygale), publicada en 1984–, esta película ha sorprendido a propios y extraños. Presentada en Cannes y estrenada en España a principios de septiembre, La piel que habito se revela como una particularísima revisión de los estándares del género de terror, concretamente de la variante dedicada a los "mad doctors", aquellos científicos locos con ínfulas de dios que satisfacen su ambición a golpe de bisturí, microscopio o probeta.

El filme relata la retorcida historia de Robert Ledgard (Antonio Banderas), un prestigioso cirujano plástico inmerso en una investigación revolucionaria: la creación de una piel artificial resistente a las agresiones. Lo que no saben sus colegas es que el brillante doctor empleará todos los medios que estén en su mano, incluido el uso de una cobaya humana, una praxis inmoral justificada no solo en nombre de la ciencia, sino también en el de una oscura y retorcida venganza.

Una mezcla de géneros, pero sobre todo terror

Como declaró el propio autor, La piel que habito es un "intenso drama que a veces se inclina por el noir, a veces por la ciencia ficción y otras por el terror"¹, un popurrí de géneros que en ningún caso deja de lado el humor (negro) que caracteriza a su obra, en esta ocasión especialmente vitriólico. Como suele ser habitual en su cine, Almodóvar combina los momentos a caballo entre lo camp y lo netamente esperpéntico –por ejemplo, todos los relativos al personaje de Roberto Álamo, empezando por su improbable disfraz de tigre juguetón– con el melodrama de corte folletinesco y el terror.

Un terror que no se basa en sustos: en ningún momento la película trata de meter miedo al espectador ni de someterle a una situación de tensión constante. Tampoco se deja llevar por los excesos del torture porn, desdeñando recrearse más de lo necesario en las prestezas quirúrgicas del protagonista. Pero sí de un terror que se infiltra de forma insidiosa, alimentándose de una atmósfera malsana y de unos personajes extremos, entre los que destaca el científico encarnado por Banderas. Frío, despiadado, brutal, el doctor Ledgard es –en palabras del cineasta manchego– "un hombre que encarna el abuso de poder más absoluto, sin ningún escrúpulo. Un ser terrible que se cruza con otro personaje con una capacidad indescriptible de supervivencia y al que somete a unas pruebas que yo no había pensado que podría escribir jamás"².


De científicos locos y sus creaciones femeninas

Claro que si el doctor es un personaje extremo, también lo es su hermosa creación: Vera, un papel concebido inicialmente para Penélope Cruz y desempeñado finalmente por Elena Anaya. La actriz palentina luce como nunca en esta película y su piel –retocada digitalmente– le otorga una belleza casi sobrenatural.

Almodóvar, también autor del guion, consigue integrar en su personalísimo universo la turbadora historia del novelista francés, alternado los nombres de los protagonistas y muchos de los acontecimientos pero conservando intacta la esencia perversa y vengativa del original. El Richard Lafargue literario se convierte en Robert Ledgard y su prisionera Ève, llamada no en vano con el nombre de la primera mujer bíblica, en la igualmente hermosa Vera.

El director y guionista fusiona el original con múltiples referencias. El comienzo, con el personaje de Banderas dando una conferencia, es un guiño a la obra de culto Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960). En esta pequeña joya dirigida por el francés Georges Franju un cirujano plástico (Pierre Brasseur) trata de restituir la belleza de su hija (Edith Scob), desfigurada en un accidente de coche, mediante un transplante completo de rostro, lo que implicaba arrancar la cara –y la vida– de pobres muchachas que actuaban como donantes involuntarias.

Recreando a la esposa muerta

La piel que habito no solo se nutre de este clásico, también de otros filmes –con clara vocación sexploit– situados tras su estela como La rosa sangrienta (La rose écorchée, Claude Mulot, 1970) o La mano che nutre la morte (Sergio Garrone, 1974). Al igual que sucede en estas dos películas, el rostro y el cuerpo de la mujer de Ledgard –un personaje inexistente en la novela– serán gravemente dañados por el fuego; si bien el doctor no será capaz de recomponerla, esta desgracia marcará sus futuras investigaciones.

De hecho, el habilidoso cirujano pondrá a Vera el rostro de su fallecida esposa, un detalle nada baladí incorporado por Almodóvar que entronca La piel que habito con la amplia tradición artística y literaria de muertas –o desaparecidas– veneradas y (re)creadas por sus viudos desconsolados, que ha dado productos cinematográficos como Stolen Face (Terence Fisher, 1952) y Vértigo. De entre los muertos (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1958). Aun siendo el blanco de una retorcida venganza, la bella y enigmática Vera se sumará al panteón de creaciones femeninas amadas a la vez que odiadas, modeladas, objetualizadas y esclavizadas por parte de misóginos Pigmaliones.

Fuente: http://www.cineyletras.es/Critica/critica-de-la-piel-que-habito.html

domingo, 19 de febrero de 2012

Saluda al Diablo de mi parte







¡Cine colombiano de acción! ¿Y por qué no? Si les perdonamos a los productores estadounidenses cientos y cientos de películas llenas de clichés sólo por pasar un par de buenas horas de balaceras, peleas y velocidades extremas. Si les perdonamos sus malos bien malos y sus buenos impolutos. Si les perdonamos todo eso que sabemos y colaboramos para que películas increíblemente obvias e increíblemente costosas sean de las más taquilleras de la historia, ¿cómo no aceptar de buen grado el intento de un par de ingeniosos colombianos que se le han medido a inaugurar el cine de acción en nuestro país?
Los hermanos Orozco, los mismos que inauguraron en Colombia el cine de terror con Al final del espectro, han inventado una cinta de acción que bien podría suceder en Colombia. Un exsecuestrado (Ricardo Vélez) se obsesiona con ajusticiar uno por uno a todos los miembros del grupo que lo secuestró y que andan tan campantes por las calles de la capital después de ingresar a un programa de reinserción. Y para lograrlo, extorsiona a uno de ellos (Édgar Ramírez) con el secuestro de su pequeña hija.
El secuestrado se convierte en secuestrador. La víctima se transforma en victimario. La venganza puede más que su dolor. Sabe que se irá al infierno, pero lo hará con una sonrisa en la boca, así esa sonrisa sea amarga.
El tema es perfecto para una cinta de acción, y el desarrollo, digno de Hollywood. Hay policías corruptos que intentan salirse con la suya; y arrepentidos que saben que no basta con la intención. Y en medio de ello balaceras bien montadas y secuencias emocionantes. Pero hay una diferencia con Hollywood: la ira, la ciega emoción que nutre la historia y que nos hace caer en la cuenta que en ese desenlace no puede haber sino perdedores.
Los hermanos Orozco hacen cine de acción estilo Hollywood, pero quizás por eso mismo aún pecan (es su primera película en el género) de construir personajes caricaturescos como el del encarnado por Vélez. Sin embargo, el venezolano Édgar Ramírez y el peruano Salvador del Solar son suficientemente creíbles para echarse la trama al hombro, y salir adelante.
http://www.cromos.com.co/generales/articulo-142162-critica-saluda-al-diablo-de-mi-parte

Tower Heist - Un Robo de Altura







Un grupo de jóvenes trabajadores descubre que ha caído en las redes de un empresario muy poderoso que elaboró un plan para estafarlos. Para vengarse, planean saquear su lujosa residencia.

La crisis económica, que atraviesa la vida de millones a lo largo de todo el mundo, abre una serie de posibilidades para la comedia que en cine aún están por florecer. Si bien títulos como Larry Crowne, y en bastante menor medida Bridesmaids o Horrible Bosses, tocan este tema evidentemente delicado, todo indica que en verdad se prefiere mirar hacia otro lado y pretender que la realidad no es tal. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx sostiene que la historia se vive dos veces: una vez como tragedia y la otra como farsa. Tower Heist recupera así la figura del infame Bernie Madoff, aquí Arthur Shaw, y le brinda a un grupo de empleados estafados la posibilidad de recuperar aquello que les pertenece, con una comedia similar a las de los '80, pero inscripta en la época actual de los Ocean's de Soderbergh o de las Rush Hour del propio Brett Ratner.

El principal logro de la propuesta reside no solo en el importante grupo de nombres que logra ensamblar, sino en hacer que funcionen como conjunto. Seguramente Robo en las alturas quedará en el recuerdo como una película digna de Eddie Murphy tras una década para el olvido. La verdad es que otros como Matthew Broderick y Téa Leoni, con films cada vez más espaciados y de menor calidad, también se ven beneficiados con una exposición de mayores luces.

Para tratarse de una apuesta que no teme hiperbolizarse hasta el absurdo a la hora de llevar a cabo el ya mencionado asalto, es bastante moderada en lo que a sus dosis de humor respecta. Del mismo modo se puede hablar del ritmo a la hora de la esperada venganza de los trabajadores, secuencias que no brillan por su originalidad y en las que se manifiesta el trabajo relajado con que Ratner acaba conduciendo sus proyectos. Más allá de que recupere a glorias pasadas y las ponga palmo a palmo con uno de los grandes de la actualidad como es Ben Stiller (quien a excepción de Greenberg tampoco viene ocupándose de buenas comedias), la sensación que persiste es la de que se pudo haber explotado más el potencial de algunos actores hambrientos de éxitos ochenteros
http://www.cinescondite.com/fullnews.php?id=945

El Gato con Botas









Atención a la inteligentísima jugada de los chicos de Dreamworks. ¿Cuál fue el punto fuerte de la primera Shrek? Sin duda, esa vuelta de tuerca a los cuentos infantiles cargada de humor negro y una tronchante humanización de figuras hasta el momento intocables como Pinocho o la princesa en apuros. Sí, el protagonismo de un antihéroe como el ogro verde ayudaba a reforzar esa sensacion paródica, y seguramente el film no hubiera tenido el mismo éxito con un rol central convencional. Pero 3 entregas después y con el personaje de Shrek exprimido hasta el límite (ha sido padre, rey e incluso humano) se hacía necesario volver a cambiar las tornas. Y en eso consiste El Gato con Botas, en la recuperación de este contexto tronchante que no deja títere del mundo de los cuentos con cabeza, pero esta vez al servicio de un héroe de los de toda la vida, de esos que bailan tan bien como pelean y a los que las gatitas persiguen como a un ovillo de lana recién enrollado.

Ya hemos dejado claro que el valor añadido de esta franquicia se encuentra en el tono general mas que en hechos concretos. En este caso, los 5 guionistas (si, ¡Cinco!) se sirven de la historia de Jack y las Alubias Mágicas -ya sabéis, una enredadera XXL, un palacio en las nubes, gigantes y huevos de oro- para poner en movimiento al protagonista, porque es una opción tan buena como cualquier otra. Donde flojean es en el relato de los orígenes del Gato: el día de su adopción, como desde pequeño ya era un azote para los criminales o el comienzo de la relación con su escudero Humpty Dumpty (Zach Galifianakis), que cuelga el traje de personaje secundario para convertirse en uno de los principales protagonistas de este spin-off sin que nadie lo haya reclamado.

Aunque exista una gran vinculación entre lo que nos narran los flashbacks y la aventura que están viviendo los personajes, se antoja innecesario presentar a un héroe que ya conocemos de sobra. Y más cuando esas escenas están resueltas casi automáticamente sin que aporten nada a un personaje que ya anda sobrado de carisma y en las que casi es mejor quedarse con el retrato de Humpy Dumpty, entre Leonardo Da Vinci y Oliver Hardy (el gordo de El Gordo y el Flaco). Quién iba a pensar que darle tanto protagonismo a un rol tan limitado iba a ser una ventana abierta de posibilidades. Eso sí, todas las connotaciones sexuales que se puedan dar entre un huevo y un gato, por extraño que parezca, se dan. Menos mal que tenemos por ahí al personaje recurso de Salma Hayek para sacar a Puss del armario (que a mi me da igual, pero con un huevo hubiera sido raro, ¿No creéis?).

Si en la reseña de La Piel Que Habito nos lamentábamos de lo grande que le quedaba el personaje principal al malagueño saleroso, en este caso se trata de todo lo contrario. Banderas ha construido al gato no solo desde su primera aparición en Shrek 2, sino también desde su trabajo en otros films, y simplemente, no hay otro interprete capaz de conseguir esa voz ronca en spanglish con tanto magnetismo como Banderas. El personaje principal no solo no resulta cansino en su versión extendida sino que funciona tan bien como lo pudo hacer el Zorro en la primera de las dos películas protagonizadas por el actor. No en vano, en ningún momento se ha ocultado que el minino es un reflejo casi idéntico al del enmascarado al que dio vida nuestro Antonio con su habitual pasión latina out of fucking control (si han hecho una colonia con su sudor será por algo).

La ambientación de la que os hablaba al principio encuentra su mejor reflejo en el film en los cazadores de gigantes Jack y Jill, tan fieros y sanguinarios como deseosos de tener un hijo al que darle todo su amor. La única pega es que tras su presentación como villanos de la historia, su presencia se va diluyendo en la cascada de antagonistas que es el ultimo tercio de film, que sí, que ayudan a que el ritmo no decaiga en ningún momento, pero restan algo de empaque a un conjunto en el que al final solo Gato tiene espacio para lucirse. Porque es normal que la presión derivada de la necesidad de demostrar que un personaje secundario pueda tener su propia franquicia acabe pesando.

A pesar de todos sus fallos, El Gato Con Botas es una de esas pequeñas sorpresas que nos da Hollywood de vez en cuando. Porque a nadie le hubiera extrañado que esta película se hubiera planteado originalmente para el mercado doméstico como el resto de cortometrajes o mediometrajes de la franquicia Shrek. En cambio, en Dreamworks han creado una aventura para el gato que no tiene nada que envidiar en gags y espectacularidad al ogro verde en sus mejores tiempos. Una mezcla equilibrada entre humor infantil y referencias más maduras en la mejor línea de la propuesta que nos hizo Dreamworks hace ya 10 años. Y de paso, el refugio perfecto para un Antonio Banderas que llevaba años sin poner un pie delante del otro cuando solo necesitaba el calzado adecuado.
Lo mejor: Antonio Banderas en su doble labor de doblaje (en castellano e inglés). Porque si ya está algo cascado para seguir explotando la imagen de latino on fire, los píxeles son el disfraz perfecto.
Lo peor: la narración de los orígenes del Gato parece más un trámite que sortear antes que una escena necesaria. Y sobran dos bailes.
Fuente: http://www.lapalomitamecanica.com/2011/11/critica-de-cine-el-gato-con-botas.html

jueves, 16 de febrero de 2012

The Artist - El Artista




Dirección: Michel Hazanavicius M. Hazanavicius Guillaume Schiffman M. Hazanavicius, Anne-Sophie Bion Ludovic Bource Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell, Penelope Anne Miller Alta 100 minutos Mayores de 12 años

El francés Michel Hazanavicius escribe y dirige una hermosísima carta de amor al cine clásico.

Reconozco que no me resulta fácil escribir de The artist, y no precisamente porque sea una mala película o porque no me haya gus­tado, sino porque -a priori- es de ese ti­po de películas con muchas estrellas que ha­cen arquear las cejas del lector y descartar­la bajo la categoría "de cinéfilos".

The artist es una película en blanco y negro y muda que habla de cine. Es decir, uno de esos productos que enamoran a la crítica y que suelen espantar a los espectadores. Sin embargo -conviene dar este dato cuan­to antes- The artist ha ganado el premio del Público tanto en el Festival de San Se­bastián como en el Festival de Cine Euro­peo de Sevilla. Algo tiene una película cuan­do el público la vota.

El francés Michel Hazanavicius ha rodado una bellísima carta de amor al cine y pa­ra eso ha escrito una historia poco original -todo hay que decirlo- sobre un famoso actor al que le cuesta dar el salto del cine mu­do al sonoro y una joven que se convierte en estrella precisamente gracias al sonido. Lo interesante en The artist no es el argumen­to -varias veces visitado en la historia del cine- sino los recursos de lenguaje ci­nema­tográfico que Hazanavicius utiliza. El rea­lizador francés ha querido rodar no só­lo con las limitaciones que había hace 80 años -sin sonido, sin diálogos, en blanco y ne­gro- sino también con el entusiasmo, el op­ti­mismo y la ingenuidad de esos años cuan­do el cine era magia, vida. Cuando las his­to­rias y los personajes se construían con sen­cillez, a partir de pasiones humanas muy básicas -el amor, el odio, la vanagloria, la envidia- pero quizás más verdaderas por más reconocibles. Cuando el director de ci­ne era un artesano que mimaba cada plano por­que no había efectos especiales que relle­naran un despiste y cuando el actor ensa­yaba cada gesto porque la película era eso, él, su gesto.

Hazanavicius ha dirigido esta película con­virtiéndose él mismo en un antiguo direc­tor de cine y ha cuidado cada escena -dibu­jando un complejo story-board-, ha traba­jado al detalle la iluminación, ha ensambla­do con maestría una expresiva banda sono­ra, ha seleccionado unas estupendas loca­lizaciones y ha dirigido con brillantez a sus intérpretes.

Y le ha quedado una película bellísima, que conecta con el mejor cine clásico, que ha convencido a la crítica y ha deslumbrado a los espectadores.

Fuente: http://www.filasiete.com/criticas/the-artist

The Rum Diary - Los Diarios del Ron



Aunque suceden muchas cosas en The Rum Diary, nada verdaderamente “pasa” y creo que me explico. Los personajes son colocados en situaciones que uno presume se convertirán en algún momento en algo que se asemeje a una trama, pero la misma nunca cobra forma, simplemente continúan “pasando cosas”, sin rumbo, desarrollo dramático ni mayores consecuencias, durante 120 interminables y aburridísimos minutos.

El filme adapta la novela homónima de Hunter S. Thompson, autor cuya prosa no es particularmente cinematográfica. El director Terry Gilliam supo cómo llevar la voz de Thompson a la pantalla grande en Fear and Loathing in Las Vegas, película que no será del agrado de todos y cuyas virtudes como adaptación literaria ciertamente son debatibles, pero es incuestionable que el espíritu del padre del periodismo Gonzo está presente en ella.

The Rum Diary llega ahora a los cines apadrinada y protagonizada por Johnny Depp, quien estableció una estrecha amistad con Thompson en los últimos años de su vida. La megaestrella de Hollywood fue la encargada no sólo de que esta película se viera realizada, sino además de la publicación del libro en 1998. Para adaptarlo y dirigirlo, Depp buscó a Bruce Robinson, cineasta británico cuyo último largometraje fue Jennifer Eight, hace 19 años. Infieran por eso lo que quieran.

El gran ausente de The Rum Diary es precisamente su autor. Thompson escribió el libro inspirado en las experiencias que vivió cuando intentó ser un periodista en Puerto Rico en los años 50. La novela se lee, tal y como dice su título, como un diario, pero el guión de Robinson no cuenta con un narrador, removiéndole toda su perspicacia. El protagonista, “Paul Kemp” (Depp), álter ego de Thompson, llega a la Isla como un novelista que no encuentra de qué escribir. Nada sorprendente, ya que Depp lo interpreta como la persona más insípida del mundo, y no parece que haya sido intencionalmente.

“Kemp” consigue trabajo en The San Juan Star, en el Viejo San Juan, un periódico al borde de la quiebra, dirigido por “Lotterman” (Richard Jenkins). Allí conoce a otros reporteros como “Sala” (Michael Rispoli) y “Moburg” (Giovanni Ribisi), todos alcohólicos, pero quién puede culparlos: se dedican a informar sobre lo bien que lo pasan los estadounidenses en el paraíso caribeño. Mientras persigue infructuosamente historias importantes, “Kemp” se ve involucrado en un nebuloso esquema orquestado por el millonario empresario “Sanderson” (Aaron Eckhart) sobre la venta de terreno en Vieques para construir hoteles.

Ah, casi lo olvidaba. “Sanderson” tiene una novia, interpretada por Amber Heard, el necesario interés amoroso/sexual que es tan inconsecuente a la trama como todo lo mencionado en el párrafo anterior, si es que aún no los he puesto a dormir, en cuyo caso esta crítica reflejaría adecuadamente el tedio de esta producción.

Cabe mencionar que el trabajo de los actores secundarios es muy bueno. Jenkins siempre logra sobresalir por más pequeña que sea su intervención, mientras que Rispoli y Ribisi crean –con lo poco que tienen- personajes que se sienten reales y se ven como si verdaderamente hubiesen existido. Depp, por el contrario, es un huevo sin sal, tan dinámico y expresivo como un pedazo de madera. Desprovisto de una peluca o estrambótico vestuario, el actor se ve incómodo como una persona normal y corriente, como si no supiera qué hacer, o simplemente cobrando un cheque mientras las cámaras filman.

No hay un conflicto central en The Rum Diary, o quizás sería más correcto decir que hay demasiados, aunque ninguno alcanza una resolución ni remotamente cercana a satisfactoria. Es una película a la deriva, sin nada que decir, lo cual dista mucho de Thompson, quien lo decía todo directa y explícitamente. La cinta se le dedica a él al final, un gesto que no dudo sea bien intencionado por más malo que sea todo lo que lo antecede.

Fuente: http://www.primerahora.com/criticatherumdiary-blog-574308.html

Detras de las Paredes



El director irlandés Jim Sheridan, comenzó su carrera con el pie derecho al dirigir, en 1989, Mi pie izquierdo. El tiempo ha pasado y Sheridan ha sabido demostrar, con algún que otro altibajo (véase Hermanos) que es un artesano eficaz y que el drama humano es su terreno ideal. También ha sabido demostrar que, cuando se aleja por géneros desconocidos, las metidas de pata que se puede despachar son de tamaño XXL, para demostrarlo ha dirigido Detrás de las paredes, un horror de thriller.

Daniel Craig es Will Aterton, un buen padre de familia y devoto esposo, quien ha decidido renunciar a su trabajo y así pasar más tiempo con su amada familia. No solo eso, también ha comprado una casa en los suburbios, la cual sirve como refugio ideal para mantener feliz a su esposa, Rachel Weisz, y a sus dos pequeñas hijas. Como cualquier thriller dicta, no tarda mucho en romperse la paz del idílico lugar. ¿Qué se oculta al interior de la casa soñada? ¿Quiénes fueron los anteriores habitantes del lugar? ¿Por qué todo el mundo actúa tan de manera tan extraña? Y, lo más importante, ¿a cuántas películas se puede parecer este film? El resplandor, El sexto sentido, Una historia de dos hermanas, La isla siniestra, son solo algunas de las realizaciones de las cuales Detrás de las paredes toma elementos, para crear un compendio de lugares comunes, que no convencen, asustan ni mantienen vivo el interés. Y es que, aunque tengas un buen grupo de actores, si no tienes una buena historia, hasta la casa más sólida se viene abajo, partiendo por las paredes, claro.

Fuente: http://latercera.com/noticia/cultura/2011/10/1453-398518-9-critica-de-cine-detras-de-las-paredes.shtml