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miércoles, 16 de mayo de 2012

The Devil's Double - El Doble del Diablo


Latif Yahia hace tiempo escribió un libro en el cual se basó esta película en la cual el protagonista son él y Uday Hussein, y como lo indica su apellido es el hijo de Saddam Hussein. Todo está ambientado en la época en la que justo Irak le declara la guerra a Kuwait por los territorios del petróleo, y en esos momentos se usaban los dobles de Saddam como de su hijo para que estén en muchos lados con el motivo de confundir a sus agresores.
Dado que Uday tiene muchos problemas mentales los cuales lo hacen un monstruo (no tiene piedad de nadie, es un sexópata, drogadicto y bipolar) decide contratar a la fuerza a un conocido de su infancia muy parecido a él. El problema es que cuando Latif Yahia a la fuerza acepta vivir la vida del hijo del presidente, empieza a ver la cruda realidad detrás de los muros del palacio y también fuera de ellos.
De a poco la moral empieza a carcomer la cabeza de Latif, y con el comienzo de la guerra deberá empezar a tomar decisiones que lo pondrán en riesgo de muerte a él, su enamorada y sus seres queridos.
La película es muy original y es cruel, pero la verdad que pinta un panorama al cual no estaba acostumbrado por mas que uno sepa que los dictadores y sus descendientes generalmente tienen varios problemas con las leyes que ellos no apliquen. Hay escenas muy crudas y violentas, pero creo que agregan un toque especial y lamentable a la película. Mi puntaje es un 7, creo que es para mirar y sacar conclusiones. La película es dirigida por Lee Tamahori y dura 109 minutos.

domingo, 11 de marzo de 2012

Mi semana con Marilyn













A los veteranos que fueron amamantados con celuloide, el nombre de Marilyn Monroe les evocará una mitología en la que confluyen el talento, el magnetismo, la sensualidad y los excesos. Encarnar a una leyenda de ese calibre no es fácil, y sin embargo, la actriz Michelle Williams consigue el milagro.
Por sí sola, logra que Mi semana con Marilyn sea un biopic creíble y poderoso, y que la diva reaparezca en pantalla con una insólita verosimilitud.
En la piel de Williams, Marilyn vuelve a ser la mujer frágil, de perturbadora belleza, cuya sonrisa en Technicolor ha entrado en la eternidad.
La película de Simon Curtis nos sitúa en un momento decisivo de su biografía, cuando la actriz viaja a Londres para rodar la adaptación de una pieza teatral de Terence Rattigan, El príncipe y la corista, junto a Laurence Olivier.
Los fans de la diva saben lo que ocurrió en aquel verano de 1956.
Marilyn se instaló junto a su marido, el escritor Arthur Miller, en Parkside House, una mansión en Englefield Green. Los ensayos con Olivier y el resto del equipo comenzaron el 18 de julio, y el rodaje se prolongó entre agosto y noviembre.
La película nos detalla con gracia y verismo el ambiente que se respiraba en los Estudios Pinewood durante aquella tumultuosa filmación.
Olivier (maravillosamente interpretado por Kenneth Branagh) a duras penas puede contener la furia ante las dudas y los constantes retrasos de la estrella.
Miller (Dougray Scott) no sirve de gran ayuda –más bien lo contrario–, y la presencia de Paula Strasberg (Zoe Wanamaker) complica aún más las cosas, pues ejerce como consejera de Marilyn de acuerdo con los métodos del Actors Studio. Unos métodos que chocan con las costumbres de sus compañeros británicos.
Entre quienes ocupan el cuarto de calderas de Pinewood, destacan la mujer de Olivier, Vivien Leigh (Julia Ormond), otra estrella cuyos días de gloria ya se esfumaron, y la veterana Sybil Thorndike (una regia Judi Dench), que demuestra cariño y compasión por Marilyn cuando el resto del equipo mira el reloj y se horroriza ante las incomparecencias y retrasos de la rubia platino.
El film se inspira en dos recopilaciones de los diarios de Colin Clark: El príncipe, la corista y yo (1995) y Mi semana con Marilyn (2000). Clark tenía 23 años cuando se rodó la película de Olivier. Acababa de salir de Oxford y, en calidad de ayudante de producción, acompañó a la actriz en unos momentos cruciales (No entraré en la espinosa cuestión que muchos estarán planteándose: ¿cuenta Clark la verdad o se deja llevar por la fantasía?)
En la película, Colin Clark es interpretado con solvencia por Eddie Redmayne, quien se presenta como un muchacho inteligente y sensible, fascinado por la estrella y al mismo tiempo interesado por otra joven integrante del equipo de producción (Emma Watson).
A pesar de que no incluye alardes técnicos ni grandes desafíos narrativos, Mi semana con Marilyn es una buena película, divertida, emotiva y a ratos brillante, como suelen serlo las producciones históricas de la BBC.
Si he de buscarle un pequeño defecto, sería la obvia insistencia en el personaje de Colin Clark. Ya sé que el punto de vista elegido por el realizador viene justificado por el hecho de que Clark él sea el autor de los textos en que se basa la cinta. Pero quizá hubiera prescindido de unos cuantos planos de miradas de asombro –Clark está hechizado por la estrella–, para insistir en asuntos más interesantes. Por ejemplo, las relaciones de Marilyn con Olivier, y sobre todo, la crisis de su matrimonio con Arthur Miller.
Una crisis, por cierto, fundamental para entender la deriva posterior de la actriz.
Así, en julio de 1956, ella lee unos párrafos en el diario personal de Miller, en los que dice sentirse decepcionado por Marilyn. "Para ella –dijo posteriormente Paula Strasberg– fue terrible descubrir ese diario. La dejó muy traumatizada. Perdió mucha confianza en sí misma cuando lo leyó. La pregunta que yo me hago es: ¿por qué andaba el diario rondando por ahí? Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a tener sus pensamientos. Pero ¿dejar el diario abierto así, sin más?"
No sé a ustedes, pero a mí este tipo de anécdotas –asimismo reflejadas en la película– me parecen mucho más interesantes que esa dudosa amistad con Marilyn que describe Clark, y que se vuelve aún más difícil de creer cuando la vemos descrita en la pantalla.


Fuente: http://www.cineyletras.es/Critica/critica-de-mi-semana-con-marilyn.html

La Hora Cero







Un largometraje de acción pura y con dobles de riesgo, es la ópera prima de Diego Velesco, un realizador venezolano que previamente había demostrado su talento con una serie de cortometrajes que realizaron grandes recorridos en festivales internacionales. La Hora Cero ha logrado acumular más de 410 mil espectadores, convirtiéndose en uno de los films más vistos en la historia de su país con un total recaudado en dólares de 3,947,360 en 24 semanas de exhibición.

Este film nació del gusto del director por este trepidante género y de ahí su historia sobre un hombre muy malo que hace algo bueno por alguien más. Pero para hacer aún más especial su exigente largometraje, se apoyó en la compañía de efectos especiales FX Stunt Team, ubicada en Argentina y reconocida en este campo tanto en Cine como en Televisión.

2 Cámaras Red One, 9 semanas de rodajes en exteriores que incluyen muchas persecuciones y un total de 180 escenas son algunos de los sorprendentes detalles de esta producción que ha sido seleccionada en la recién creada categoría “Box Office” en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara que se llevará a cabo desde mañana 25 de Marzo al 01 de Abril de 2011. La categoría esta destinada a aquellos largometrajes que han alcanzado, en sus respectivos países, una taquilla de destacar. Sandra M Ríos, la directora

Vibrante y entretenido
Esta es la historia de La Parca (Zapata 666), un sicario que se ve obligado a secuestrar una clínica privada para salvar a Ladydi (Amanda Key), el amor de su vida. No tardan en llegar los policías y con ellos los curiosos y un circo mediático. Con toda la conmoción afuera, La Parca se da cuenta que si bien salvarle la vida a Ladydi será difícil, escapar con sus secuaces será imposible.

¿Reflexión sobre la Venezuela de los últimos 20 años? ¿Vibrante Thriller de acción que solo pretende entretener? ¿Una mezcla de ambas? es difícil saber a ciencia cierta cual es el camino principal que pretende recorrer esta película que al igual que la exitosa “Hermano” de Marcel Rasquin ha calado de forma magnífica dentro del público venezolano.

Es mejor analizarla dentro de las 3 vertientes que conseguí captar de la misma: primero como una reflexión sobre la Venezuela de los últimos 20 años; en este aspecto nos muestra un país en huelga, con políticos corruptos, prensa amarillista donde de cierta forma se justifica la figura del delincuente o de como el ciudadano común puede llegar incluso a mitificar a un “malandro” amparado en la injusticia social; en este aspecto todo parece bien reflejado pero la cinta se queda en eso de manera superficial, además, no ofrece posibles respuestas y prácticamente termina justificando que es mejor matar o “eliminar” un problema que intentar reflexionar sobre el y que dada la injusticia del sistema social queda mejor robar, matar o incluso hacer huelga que trabajar; a diferencia por ejemplo de “Hermano”, donde dentro del mismo contexto muestran un grupo de personas que día a día salen a trabajar de forma honesta y da ese hilo de esperanza inculcando que, haciendo las cosas bien. puedes salir adelante a pesar de las adversidades (a mi parecer sin caer nunca en el almibaramiento barato); asi que digamos que en este primer aspecto, la película muestra su punto de vista de manera eficaz pero hace poco o nada por desarrollarlo y creo que termina pecando de ambigua.

Desde el punto de vista de thriller de acción, la película si que cumple y con creces, probablemente estemos ante la película venezolana con las mejores secuencias de acción jamás vistas, el ritmo es trepidante, no ofrece ninguna tregua, y aunque ciertamente caemos en todos los tópicos de las cintas de secuestros (recordemos a Tarde de perros de Sidney Lumet y Mad City de Costa-Gavras) dichos clichés estan llevados con solidez, la edición es de primera y todos los demás aspectos técnicos están bien conseguidos, los actores muestran su carisma y algunos de ellos están muy bien como Erich Wilpret, Marisa Román aporta su talento y cumple, Laureano Olivares en lo personal, no me impactó mucho pero puedo ver que es de los personajes que más ha calado en el público, Albi de Abreu está gracioso, Zapata 666 cumple con la responsabilidad de llevar sobre sus hombros el peso de la película, aunque personalmente debo reconocer que el actor que más me ha gustado es Alejandro Furth. A pesar de los clichés del género, el momento “Jose Luis Rodriguez”, que en lo personal no me ha gustado nada, la película triunfa como thriller de acción, con escenas de alto riesgo estupendamente conseguidas y una historia que se sigue con interés.

¿Pero está bien dejar todo como un simple thriller de acción y obviar los distintos mensajes que tiene implícitos? pienso que no es correcto; por lo que en general esta opera primera de Diego Velasco (el cual ya tiene dentro de sus palmarés un cortometraje pre-seleccionado al Oscar) me ha gustado, me ha entretenido y me han llegado y emocionado en sus momentos vibrantes, aunque en los temas sociales que toca, se queda muy en la superficie o no termina por definir una postura definitiva.

Se trata sin duda de un paso adelante en la cinematografía nacional, cuando menos a nivel técnico y de entretenimiento.


Fuente: http://www.cinevistablog.com/resena-la-hora-cero-cine-venezolano-de-accion-pura/

Crimen en Familia - All Good Things



















El cine y la literatura, históricamente se han valido del amor para explotar su potencial al máximo. Y muchas veces se han dedicado a retratar esos amores que cualquiera de nosotros desearíamos vivir, el famoso “amor de película”: caóticos pero de ensueño (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), parejas en las que sólo importa el amor (Diarios de una pasión), amores perturbadores pero amores al fin (Frida), etc. Esos amores que son tan perfectos e irreales que sabemos que en algún momento se derrumban y cae el velo que descubre la realidad. Y es muy común de estos amores tan intensos ver cómo se pasa instantáneamente del amor al odio, del amor a la muerte. Crimen en familia (All good things, Andrew Jarecki, 2010) es un combo de estos ingredientes tan usados en el cine: amor y crimen.

Basándose en hechos reales Crimen en Familia cuenta la historia de David (Ryan Gosling), hijo de un millonario (Frank Langella), que vive una vida sin objetivo y que nunca ha podido superar el suicidio de su madre. Al conocer a Katie (Kirsten Dunst), una joven sencilla, amorosa e inteligente, cambiará sus hábitos y juntos construirán un matrimonio casi perfecto. Hasta que David comenzará a comportarse extraño, sospechoso, a aislarse, a ser violento y las cosas no irán nada bien entre la pareja. Dentro de estos hechos se producirá la misteriosa desaparición de Katie, de la cual David será el principal sospechoso.

Este es el tipo de películas que suelen sorprenderme gratamente: con un argumento ya visto y trillado y no mucha difusión, se logran productos interesantes e innovadores. Creo que lo más destacable del film está en la construcción del personaje de David, que Gosling lleva de maravilla, creando un carácter sumamente oscuro, enigmático y escalofriante. A partir de la figura de este personaje se estructurará el relato subyacente sobre la relación contradictoria pero real entre amor y muerte. Desde su primer amor (su madre) David lo verá corrompido por la muerte, por una brutal y de la cual él será testigo directo; al encontrar nuevamente el amor en Katie (ya que con su padre mantenía una relación pésima), cuando todo parece ser perfecto y parecen estar viviendo en un sueño, su carácter empieza a mutar y en ese quiebre es donde entra en escena el crimen. Es bastante llamativo cómo la atmósfera del film va adaptándose al gradual desarrollo de la nueva faceta que el protagonista va dejando ver: al principio, la película tiene una iluminación clara, con un tono vintage y muchas de las escenas son al sol. De a poco, desde la casa que compran, los ambienten van siendo más sombríos y muchos de los sucesos más tenebrosos suceden lógicamente por la noche. El desencanto de a poco va llevando al odio, lo que era el mismísimo paraíso se convierte en un infierno del cual es imposible salir.

Katie que se presentaba como una chica pura, inocente, bella, irá también mutando su carácter a partir de los sucesos violentos que comienza a vivir: su personaje, todo un ideal romántico, se convierte en sombrío: la chica que antes tenía un maquillaje más que sutil y vestía naif, luego será adicta a la cocaína, se pintará los ojos de negro y vestirá como millonaria arrogante.
Realmente todo el suspenso que contiene el film (que no es poco, pero no es el tradicional hollywoodense) es creado a partir de estos cambios progresivos que van oscureciendo los caracteres y creando un verdadero thriller psicológico. Mientras que el agregado de “historia real” le aporta aún más escalofrío a la historia. Pero es muy interesante el hecho de que no haya escenas muy gráficas de los crímenes, sino que justamente el suspenso se construya a partir de los caracteres, y que el odio entre ellos vaya creciendo inminente, con el disimulo y ocultamiento de por medio. Cada personaje nos da la sensación de estar llevando a cabo una estrategia de venganza que puede dar el zarpazo en cualquier momento, lo que nos mantiene permanentemente expectantes. Y en relación a esto puedo decir que el espectador es inevitablemente arrastrado por esta intensa historia (o por lo menos en mi experiencia) que primero lo endulza y luego lo va invadiendo con un sabor amargo y lo hace entornar los ojos ante los sucesos morbosos e inesperados y lo hace tomar un lugar en la batalla psicológica que se libra en la pantalla.



Fuente: http://www.indiehoy.com/cine/crimen-en-familia-hasta-que-la-muerte-nos-separe/

jueves, 23 de febrero de 2012

Tres Metros Sobre el Cielo



Pocos argumentos se me ocurren para calibrar sutilmente y sin deslizarme por los terrenos farragosos de la indignación (y consecuentemente, a la descalificación más furibunda) lo que supone una desgraciada muestra más del cine español para adolescentes que causa sensación en taquilla y espanto en el resto del público. Si ya el año pasado tuvimos un adelanto con ese engendro sin parangón titulado Mentiras y Gordas, curiosamente guionizado por nuestra flamante Ministra de (in)Cultura, Ángeles González Sinde; ahora nos llega Tres metros sobre el cielo, otro burdo intento de cosechar la plusvalía anual de un cine patrio que agoniza entre el marasmo de estrenos norteamericanos y la desidia de sus propios productores.

La fórmula es bien sencilla; se seleccionan algunos de los rostros más conocidos del panorama televisivo juvenil, toda una cantera de actores perecederos con escaso valor artístico; los cuales son exhibidos cuan fauna de circo para provocar los suspiros de deseo de legiones de jovencitas con las hormonas desatadas; se elabora un guión estándar que no elude los tradicionales clichés del género romántico aunque actualizados con las últimas tendencias en lo que, supuestamente, interesa a los adolescentes; se contratan los servicios de un equipo técnico, con director a la cabeza (en este caso Fernando González Medina), con escasos escrúpulos ante su prostitución como artistas devenidos en proletarios; y se agita con fruición, con ritmo de videoclip, efectos sonoros de discoteca y almizcle para edulcorar una trama tan previsible como decididamente infantil.

Cabría reflexionar acerca de la idoneidad de un cine que, producto de su carácter masivo, influye de forma decisiva en el desarrollo de las conductas de los más jóvenes y puede desembocar en patrones de comportamiento inadmisibles dentro de una sociedad avanzada. Por ello, en esta crítica no llevaré a cabo una análisis estrictamente cinematográfico de la película en cuestión, pues de cualquier modo su convencionalismo y falta de pretensiones artísticas tampoco nos conduciría a lugar alguno; sino que ahondaremos en los dilemas subterráneos que plantea y las dinámicas censurables ofrecidas en envoltorio de color de rosa a su público objetivo.

El crítico de El País y Fotogramas, Jordi Costa, ya alertó hace algunas días en su crítica de Tres metros sobre el cielo del fascismo subyacente que la historia ideada por el prolífico escritor italiano Federico Moccia deja entrever ante una atenta observación. Moccia ha sabido construir todo un universo literario para adolescentes, preferentemente femenino, que entronca con las más retrógrados patrones de conducta heredados de tiempos pasados y que coloca a la mujer como un mero objeto de deseo pasivo ante la posición imperante del macho.

La película que hoy comentamos (sin entrar en el espinoso debate de su correspondencia con el original literario) retrata de forma implacable esta idea a través de un personaje masculino detestable, violento, misógino, incorregible, una suerte de bestia indomable que, no obstante, seduce a la chica buena y responsable con más músculo que corazón. Y es que al principio, cuando la atracción física ciega el entendimiento, todo parece ser una buena excusa para reformar a una persona que aparentemente lo ha pasado mal (aquí ni siquiera es creíble la justificación a la desatada conducta del chico), se conserva esa esperanza irracional y se toleran situaciones difícilmente admisibles por una mujer independiente. Los problemas surgen cuando la pasión remite, los problemas llegan, y la dulce y comprensiva chica comienza a recibir las palizas que la llevarán a un infierno personal. La violencia de género es un asunto extremadamente grave para el que no se hallarán soluciones con vacuos actos políticos de repulsa; el camino a su erradicación se inicia en la educación responsable y la denuncia de comportamientos machistas, curiosamente como los que se legitiman en esta abominable muestra cinematográfica fascistoide, maniquea y asombrosamente absurda.

Como una ridícula revisitación del mito Grease, aunque con menos brillantina y cursilería y más cuero y violencia gratuita, Tres metros sobre el cielo nos traslada a los lugares comunes de la “juventud de hoy en día”, es decir, las carreras de motos ilegales y las fiestas salvajes. Como vértice de este paradigma simplista y disparatado que pretende ilustrar a los jóvenes, emerge la figura del macho alfa de la manada, hipermusculado, con una curiosa alergia al algodón de su camiseta (ya que aparece poco con ella) y el rostro del anhelado ex-protagonista de la serie Los hombres de Paco, Mario Casas. Una elección acertada a tenor los suspiros nerviosos y la hiperventilación risible de la nutrida afluencia de jóvenes en la sala de cine, ya fuese cuando exhibía su cuerpo desnudo o cuando golpeaba con saña a sus numerosas víctimas (aunque siempre con la misma cara de macho desquiciado). No se puede decir lo mismo de su reverso femenino, interpretado por María Valverde, una actriz que encandiló a muchos en su debut en

La flaqueza del Bolchevique pero que se ha ido deslizando a terrenos progresivamente más cuestionables hasta desembocar en el fango más denso, como muestra su incapacidad para ser creíble en esta película.

Sorprende de Tres metros sobre el cielo su clamorosa ausencia de moral. En ningún momento se reprende, aunque de forma velada, la conducta delictiva de su protagonista o la violencia extrema mostrada sin paliativos. Esto es un cine que repugna, que conecta con los instintos más bajos del ser humano, que ofrece una visión tremendamente peligrosa a su público adolescente frágil e influenciable. Es condenable la irresponsabilidad de unos productores (y creadores) que miran de soslayo a la pantalla distraídos por las cifras de la calculadora y el tintinear de las monedas. Es vomitivo el resultado, una película que se vanagloria de su absoluta falta de principios, que bucea en los resquicios de un pseudogénero establecido al calor de la previsión de beneficios, que no lleva a preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí, hasta este pozo sin fondo que es la dictadura de la ignorancia y la apocalíptica sentencia al buen gusto.

Finalmente, me he rendido a la indignación.

Lo Mejor:
- Que, después de todo, termina.

Lo Peor:
- Su falta de moral, maniqueismo, machismo, derivas fascistoides, una puesta en escena convencional, una despreocupada y flagante apuesta por ganar dinero a toda costa.

Fuente: http://www.nosologeeks.es/2010/12/04/critica-3-metros-sobre-el-cielo/

domingo, 19 de febrero de 2012

Saluda al Diablo de mi parte







¡Cine colombiano de acción! ¿Y por qué no? Si les perdonamos a los productores estadounidenses cientos y cientos de películas llenas de clichés sólo por pasar un par de buenas horas de balaceras, peleas y velocidades extremas. Si les perdonamos sus malos bien malos y sus buenos impolutos. Si les perdonamos todo eso que sabemos y colaboramos para que películas increíblemente obvias e increíblemente costosas sean de las más taquilleras de la historia, ¿cómo no aceptar de buen grado el intento de un par de ingeniosos colombianos que se le han medido a inaugurar el cine de acción en nuestro país?
Los hermanos Orozco, los mismos que inauguraron en Colombia el cine de terror con Al final del espectro, han inventado una cinta de acción que bien podría suceder en Colombia. Un exsecuestrado (Ricardo Vélez) se obsesiona con ajusticiar uno por uno a todos los miembros del grupo que lo secuestró y que andan tan campantes por las calles de la capital después de ingresar a un programa de reinserción. Y para lograrlo, extorsiona a uno de ellos (Édgar Ramírez) con el secuestro de su pequeña hija.
El secuestrado se convierte en secuestrador. La víctima se transforma en victimario. La venganza puede más que su dolor. Sabe que se irá al infierno, pero lo hará con una sonrisa en la boca, así esa sonrisa sea amarga.
El tema es perfecto para una cinta de acción, y el desarrollo, digno de Hollywood. Hay policías corruptos que intentan salirse con la suya; y arrepentidos que saben que no basta con la intención. Y en medio de ello balaceras bien montadas y secuencias emocionantes. Pero hay una diferencia con Hollywood: la ira, la ciega emoción que nutre la historia y que nos hace caer en la cuenta que en ese desenlace no puede haber sino perdedores.
Los hermanos Orozco hacen cine de acción estilo Hollywood, pero quizás por eso mismo aún pecan (es su primera película en el género) de construir personajes caricaturescos como el del encarnado por Vélez. Sin embargo, el venezolano Édgar Ramírez y el peruano Salvador del Solar son suficientemente creíbles para echarse la trama al hombro, y salir adelante.
http://www.cromos.com.co/generales/articulo-142162-critica-saluda-al-diablo-de-mi-parte

jueves, 16 de febrero de 2012

J. Edgar




No es J. Edgar la primera ocasión en que Clint Eastwood se acerca al biopic en su ya longevo camino como narrador de las miserias y grandezas humanas. Los tres precedentes son Bird, sobre el excelso saxofonista Charlie Parker; Cazador blanco, corazón negro, en la que él mismo interpretaba a John Huston en pleno rodaje de ‘La reina de África’ y la chirriante Invictus, en la que regresó al continente negro para explicar la importancia que tuvo Nelson Mandela en la victoria de la selección sudafricana en un campeonato mundial de rugby.

En esos films, como en casi toda la obra de Eastwood, lo más interesante es el recorrido paralelo, perteneciente al mundo de las ideas y el aprendizaje, por el que se le cataloga de forma cansina como el último cineasta clásico. La destilación del contexto histórico ha sido parte importante de ese recorrido, y se ha sentido con especial brillantez cuando en relatos como Sin perdón o Gran Torino era la identidad de su propio país la que tocaba desvelar.

En J. Edgar, esas dos dimensiones del cine de Eastwood viajan de la mano a partir de un guión de Dustin Lance Black, a cuyo peso en la autoría del film hay que darle la importancia que se merece. De hecho, el relato se organiza de una forma similar a Mi nombre es Harvey Milk, también escrita por él, partiendo de los últimos días del personaje para recorrer su vida en distintos tiempos, despreciando el orden cronológico. Los entresijos del poder y la identidad (homo)sexual son otros elementos que también encontramos y que ya formaban parte de la emotiva obra de Van Sant, en la que la reescritura fílmica era más crucial que en esta ocasión, aunque no se desaprovecha la oportunidad de mostrar el papel que ha jugado el cine en la construcción que la sociedad ha hecho del personaje y se pone en pantalla la eterna escena hitchcockiana (el hijo en pie ante la madre acostada, rindiendo cuentas), muy adecuada dada la relación edípica y obsesiva que Hoover mantiene con su progenitora.

El aspecto biográfico se divide en tres relatos, que conviven de forma satisfactoria en la película. Con la franqueza y sensibilidad propias de Eastwood, se narran los últimos días de Hoover, en los que no le faltan nuevos secretos que sumar a su archivo de chismes, mientras que el relato de sus hazañas profesionales es contado a través de lo que el propio personaje explica a su biógrafo, por lo que no faltan invenciones y fanfarronería. Por último, lo más delicado es el retrato de las intimidades de Hoover, que reflejan la paradoja de que en materia policial la sociedad recibió trascendentales avances gracias a un hombre que había hecho de la represión su modo de vida.

Al tener que abarcar frentes tan diversos, J. Edgar es una película algo distinta en la filmografía de Eastwood. El realizador debe hacer frente a un ritmo más acelerado y apenas hay espacio para esa emotividad tan cercana que suele humanizar a sus personajes y engrandecer su cine. En esta ocasión, su talento está al servicio de una figura histórica por la que logra que sintamos fascinación al tiempo que, como siempre, abre ante nuestros ojos, aunque no aparezca en la pantalla, un universo narrativo inabarcable.

Fuente: http://www.notasdecine.es/64466/criticas/critica-j-edgar/

jueves, 9 de febrero de 2012

A Better Life - Una Vida Mejor




A Better Life nos narra la historia de Carlos Galindo (Bichir) jardinero, honrado, decente, mexicano, padre e ilegal que radica en Los Ángeles. La única meta que Carlos tiene es la vida es esforzarse al máximo para darle las mayores oportunidades en la vida a su hijo Luis (José Julián), oportunidades que Carlos nunca tuvo.

Dirigida por Chris Weitz (About a Boy (2002), The Golden Compass (2007) New Moon (2009) entre otras) con un guión de Eric Eason, que a su vez está basado en una historia de Roger L. Simon.

Pocas cintas retratan tan bien la vida del migrante, las situaciones no se sienten falsas como pasa con la mayoría de estas historias, no hay personajes buenos o malos sencillamente hay personas que conectan con el publico de una manera creíble; la compasión que sentimos por Carlos es real, compartimos lo mismo su dolor y desesperanza que su breve momento de triunfo.

Del otro lado si bien la primera impresión que nos da Luis es de ingratitud para con su padre también es justo decir que no actúa diferente a como lo hace la mayoría de adolescentes y aquí las diferencias y conflictos propias de la edad se acentúan debido a las diferencias culturales, Luis no es mexicano pero tampoco estadounidense se encuentra en ese limbo de los que son “ni de aquí ni de allá” pero de los cuales se espera que rompan con todo y sean mucho más que sus progenitores. Pese a todo conforme avanza la historia nos damos cuenta, junto con Luis, que no importan las situaciones Luis es hijo de su padre en más de un sentido.

Demian Bichir en lo que es probablemente una de las mejores actuaciones de su carrera. José Julián pese a su juventud aguanta el duelo actoral, habrá que estar pendientes de la carrera de este joven.

A Better Life es más que una historia sobre inmigrantes buscando el sueño Americano, es una historia sobre padres e hijos.

Imprescindible verla y esperar que tanto ruido logra hacer en la, ya próxima a iniciar temporada, de premios.

Fuente: http://cine3.com/2011/10/21/a-better-life-una-vida-mejor-una-historia-sobre-padres-e-hijos/


jueves, 2 de febrero de 2012

The Help - Historias Cruzadas - Criadas y Señoras





Tate Taylor dirige éste film que ha causado mucho revuelo. Ha sido nominada a cuatro Oscar y ganó el Globo de Oro a la mejor secundaria.

¿De que va?
Nos cuenta la vida de la universitaria Skeeter, una chica que quiere ser escritora y que se le presenta la oportunidad de su vida cuando decide entrevistar a las criadas de color de cada casa. Sin embargo éste es un reto dificil ya que no se les permite confraternizar con los blancos y el escrito las metería en problemas ya que en el estado de Mississippi, la ley es muy estricta entre la separación de blancos y negros allá por los años 60.

Actores.
Supuestamente es Emma Stone la protagonista. Y digo supuestamente porque la nominación al oscar como principal se lo ha llevado otra en ésta película.
Stone es un actriz que no me gusta nada, nada, nada. Y que demuestra que es una chica de pocos recursos, que solo sabe lo básico y que no convence en ningún aspecto. Deja mucho que desear y estropea parte del film. Si hubiese sido otra la elegida, de seguro la película habría ganamos más enteros.

Viola Davis y Octavia Spencer son las criadas principales. Las dos nominadas como principal y secundaria. Y efectivamente, las dos están francamente bien. Son creíbles y su nominación era de esperar, una de las cantadas.


Por otra parte, otra de las nominadas es Jessica Chastain, la que recordaremos por El Arbol de la Vida y que aquí hace un papel completamente diferente pero a la vez, supremo. Es la que mejor está de todos y ojalá se llevara el Oscar por su magnífica actuación. Está perfecta y su cambio de caracterización tan brutal entre una película y otra es tan notable que no merece menos que la nominación.

Y junto a todas ellas, está la guapa Bryce Dallas Howard, que he de decir que hace un papel increible de mala pécora. Quien lo diría despues de haberla visto en The Village y partirse su carrera en dos tras papeles absurdos como el de Spiderman 3 o Eclipse que se iba a realzar poco a poco con participaciones en 50/50 y ahora más grande aún en ésta película. Un aplauso para ella y que siga así.

Y no podemos olvidar a una irreconocible Sissy Spacek que hace un papel brutal a la par que gracioso y que le de una nota de humor francamente necesaria al film, que está rodeado de cierta pena por el momento en el que se vive.

Impresión.
Es una película buena. No pensaba que me iba a gustar pues no es un género que vea fervientemente. Pero me ha agradado en gran manera y las actuaciones son geniales, de lo mejor del film.
Sin embargo, hay que ser realistas, The Help no es un peliculón, es una cinta buena que olvidaremos pronto. Y es que películas así hay muchas, y a la mente me llega Arde Mississippi, una cinta durísima basada en la mísma época y contando una historia a fin de cuentas similar ya que habla de la esclavitud y los problemas raciales. Desde luego no hay punto de comparación entre una cinta y otra ya que una es un peliculón (Arde Mississippi) y la otra es una película buena (The Help).

Música.
Thomas Newman ha vuelto a las andadas y lo curioso es que ha intentado innovar y no parecerse tanto a sí mismo. Tanto en Iron Lady como en The Help, ha realizado dos partituras notables, extensas y diferentes, y eso es de alabanza. Un Score con algunas pistas geniales y que en resumidas merece la pena.

Fuente: http://cineybso.blogspot.com/2012/01/critica-criadas-y-senoras-help-2011-un.html

50/50




Con buenas críticas y en clave independiente se estrena una divertida y diferente película sobre un joven que padece cáncer.

El cine indie, el de la frescura de los años mozos, de la incorrección sentimental y de las canciones tiernas, suele entregar buenas películas. Es cierto, desde La joven vida de Juno para aquí la fórmula ha comenzado a repetirse. Las contestaciones ingeniosas pierden originalidad. Y cuando suena el décimo tema musical despojado lo mejor es acudir al mute y seguir confiando en los subtítulos, que tan bien hacen lo suyo. Pero aún así hay que ser un duro-duro para no conmoverse con lo que el indie tiene para ofrecer: jóvenes empujados a vivir, porque vivir, según reza el mandato redondo, vivir solo cuesta vida.

50/50 (Fifty fifty), sinopsis de la película

Adam (Joseph Gordon-Levitt) tiene juventud, novia hermosa (aunque su amigo Kyle -Seth Roge- tendrá algo que agregar respecto de ella), empleo, casa y la mar en coche. Pero todo cambiará en poco tiempo: su médico le diagnosticará cáncer, simplemente cáncer. Pero como de jóvenes va el asunto, una enfermedad terminal puede significar tanto como un game over, man, como una inmejorable oportunidad para conseguir chicas (o ahuyentarlas, depende la sutileza, man).

La enfermedad le dará a Adam la chance de saber quiénes son los de fierro y quiénes los de cartón pintado en su vida. Una vez distinguidos estos de fierro habrá llegado el momento de enfrentar los días más duros de la joven vida signada por un 50 % de posibilidades de salir al segundo tiempo, y un 50 de que se apague la luz y haya que entregar el envase.

Cine para divertir y conmover

Hablando de cine indie, la película de Jonathan Levine empuja a su personaje a una encrucijada aún más dramática que el embarazo adolescente de Juno. El film, que se basa en la experiencia del guionista Will Reiser. gambetea todo aquello que suene a melodrama y suma las relaciones familiares y las problemáticas de la juventud (novia, independencia, padres) para hacer de la película un buen emblema de la generación de los veintitantos. Por lo tanto, la etiqueta indie es lo de menos y su función es simplemente acercar al futuro espectador una idea de qué encontrará en pantalla.

Buenas actuaciones para una película creíble

La pantalla de 50/50 tiene material de sobra para ofrecer: drama y humor; la compinche química de Joseph Gordon-Levitt y Seth Roge; la espantosa actitud de la perra de Bryce Dallas Howard (“perra” con cariño, claro), y la adorable y frágil sonrisa de Anna Kendrick. Buenas actuaciones resguardadas por suburbios, como corresponde a toda película que prefiere a sus personajes a las marquesinas.

Hay chicos que no quieren escándalos, fama, ni bailes por un sueño. Viven y gastan vida en ello. 50/50 es cine económico, es cine con dudas, es cine con preguntas, inquietudes y unas pocas respuestas. Y es cine indie. Pero ante semejantes virtudes, claro, las etiquetas quedan relegadas a un segundo plano.

Fuente: http://www.suite101.net/news/critica-5050-fifty-fifty-pelicula-sobre-el-cancer-a75360

miércoles, 1 de febrero de 2012

Drive




Con una estética y atmósfera impresionantes, este thriller apuesta por un perfecto estilo noir que compensa la simplicidad de su trama, logrando su director Nicolas Winding Refn componer un tensionado y absorbente filme conducido con gran pulso por su actor principal, Ryan Gosling.

Sinopsis: Un hombre solitario trabaja de día como especialista de coches para películas y de noche como conductor independiente para cualquier grupo de ladrones que quiera contratarle. Su único contacto humano es con su jefe y mecánico y con su vecina, con la que empieza a entablar una relación.

Un protagonista anónimo, silencioso, sereno, sin pasado, sin historia ni futuro. Simplemente se sabe de él el trabajo que realiza. Este tipo de antihéroes han sido los protagonistas de grandes películas, como por ejemplo la reciente "El americano" con George Clooney, "El silencio de un hombre" con Alain Delon, "Ghost Dog" con Forest Withaker o algunos de los personajes del oeste interpretados por Clint Eastwood. Hay pistoleros, asesinos y en "Drive", un conductor.

Con una estética noir, una gran atmósfera y mucha influencia de títulos como "Bullit" o "Vivir y morir en Los Ángeles", el realizador Nicolas Winding Refn vuelve a coger a un personaje parco en apalabras tal y como hizo en "Valhalla Rising" y lo vuelve a introducir en un viaje existencial. Esta vez la acción tiene unos grandes rasgos de veracidad y su trayecto es menos onírico.

Para ser una película de acción, hay pocas secuencias trepidantes y para ser una película sobre un conductor, hay pocas persecuciones. Quien espere ver una cinta llena de secuencias con ritmo, explosiones y tubos de escape, este filme va a ser una gran decepción. "Drive" es un filme perfectamente estilizado, con una impresionante atmósfera noir y con control tensionado de su historia palpable en todo momento. Es magnética, excitante y fría.

Este gran control es gracias al soberbio trabajo de Nicolas Winding Refn, quien a pesar de su leve abuso de las pausas ganó el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 2011, categoría en la que podría haber sido vencedor en cualquier otro certamen y también con cualquiera de sus dos películas anteriores, "Valhalla Rising" y "Bronson". Es particularmente importante su labor aquí ya que su estética, atmósfera y pulso sustituyen aquí un vació de historia y contenido.

La trama presenta un leve giro sobre la idea de un robo fallido y se basa en un protagonista de "Drive" que tiene una personalidad que se asume por papeles similares pero no tiene una psicología propia que sea explorada en ningún momento. es una película que resulta apasionante pero no por lo que cuenta sino por cómo está hecho.

Se encuentra protagonizada por Ryan Gosling, capaz de hacer de nazi judío o de enamorarse de una muñeca hinchable con igual veracidad y humanidad. Aquí, y de una forma perfectamente medida, deja que algo de emoción aflore por los momentos en laos que el estoicismo de su personaje muestra alguna ligera grieta. Ello lega principalmente por su vecina, interpretada por una demasiado frágil Carey Mulligan.

Con todas sus diferencias y distancias, si "Bullit" tenía a Steve McQueen, "Drive" tiene a Ryan Giosling. Él es un protagonista ideal en un filme dirigido por uno de los realizadores más interesantes del panorama actual y quien vuelve a demostrar su gran dominio tras la cámara en un filme que para los amantes de la acción pura puede resultar aburrido pero que tiene toda la calidad necesaria para ser considerado de culto desde el momento de su estreno.

Fuente: http://www.criticscinema.com/criticas/peliculas/Drive.php