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jueves, 23 de febrero de 2012

Inmortals - Inmortales




Hace veinte años me asombró la novedosa estética visual que el artista y director Tarsem Singh empleó en algunos memorables videos musicales y comerciales de los noventas. Sin embargo, cuando Singh finalmente dirigió una película resultó ser un desastre narrativo, pero, eso sí, repleto de impresionantes imágenes que aún perduran en mi memoria. Algunas personas opinaron que el estilo visual de The Cell bastó para hacerla una buena película, pero no me encuentro entre ellos (aunque respeto su opinión). Y sospecho que ocurrirá lo mismo con Inmortales, nueva cinta de "acción mitológica" con la que Singh pretende triunfar donde fracasaron Conan the Barbarian y el re-make de Clash of the Titans. ¿Lo consigue? Creo que no, pero eso no le impide ser entretenida y, desde luego, visualmente impactante.

El argumento de Inmortales emplea una densa sopa de mitología griega para contarnos la historia de Theseus (Henry Cavill), un virtuoso y valiente hombre involucrado accidentalmente (¿o será voluntad divina?) en la cruzada del maniático Rey Hyperion (Mickey Rourke), quien pretende liberar a los Titanes de su eterna prisión bajo el Monte Tartarus para que eliminen a los Dioses del Olimpo, sus enemigos mortales (o, mejor dicho, inmortales, jo, jo). Y si Hyperion logra capturar en el caos de la batalla una poderosa arma que le permitirá dominar el mundo, pues qué mejor.

Asumo que cuando Tarsem Singh vio 300 la tomó como una afrenta personal y un reto para superarla en todos sentidos. Y eso es lo que intentó con Inmortales... otro refrito del género "peplum" (también conocido como "cine de sandalias y espadas") filtrado a través de una sensibilidad hiper-artística y rebuscada, que no quedó satisfecha hasta que cada pixel de la pantalla fuera opulentamente sobre-diseñado (en color dorado, de preferencia), y cada pelea fuera elegantemente coreografiada en cámara lenta, con mórbida atención a cada chorro de sangre y a cada músculo de los varoniles guerreros griegos que, en distintas circunstancias, no estarían fuera de lugar como "backup dancers" en algún aparatoso video de Lady Gaga.

En lo que respecta a la historia, podemos esperar las habituales fórmulas empleadas como un fin por sí mismas, y no como herramientas para contar una historia coherente. Desafortunadamente Singh muestra tan poco interés en el desarrollo de los personajes que hasta los más rimbombantes clichés se sienten blandos y carentes de energía, ya sea la pelea inicial entre Theseus y los soldados (para demostrar que es un tipo sensible, pero sabe defenderse cuando insultan a su mamá), o los trémulos monólogos de Hyperion, tan ridículamente solemnes y confusos que sus víctimas seguramente dan gracias cuando el obsesionado rey finalmente se digna matarlos. Por cierto, me temo que este no es el Mickey Rourke de The Wrestler, sino el bizarro hermano gemelo que vimos fuera de control en Iron Man 2 y Domino.

Y ya que estoy quejándome de los actores, necesito expresar mi temor por el papel (o papelón) que hará Henry Cavill como Superman en un par de años. Sin duda tiene rostro esculpido en granito y cuerpo de atleta griego... pero, caray, hasta en las más intensas escenas parece un recorte de cartón, incapaz de transmitir sus emociones al espectador (esperen a ver su discurso inspirador antes de la gran batalla... ¿"Pelearemos por los niños"? Sparta, tenemos un problema). Sinceramente espero que Zack Snyder sepa lo que está haciendo. En fin, volviendo al punto, el resto del elenco de Inmortales (con la posible excepción de John Hurt) se limita a repetir sus líneas y servir como maniquíes vivientes para lucir los caprichos de alta costura de Singh, quien prefiere usar el cuerpo humano como elemento de diseño, y no como vehículo de personajes con los que pudiéramos identificarnos.

Sin embargo, como dije al principio, el derroche de estilo en Inmortales es tan abrumador y la acción tan sangrienta que podría distraernos durante casi dos horas, siempre y cuando nuestro cerebro coopere y abandone la esperanza de ser estimulado por una historia interesante. Entonces, si les parece atractiva la idea de ver una película que combina a Frank Frazetta con el más extravagante “pictorial” de Vanity Fair, vean Inmortales, y quizás terminarán apreciando sus virtudes superficiales. Solo recomiendo llevar al cine algo para leer durante los tediosos diálogos. Excepto lo de Mickey Rourke... esos son el "comic relief" y no hay que perdérselos.

Fuente: http://imagenennegativo.blogspot.com/2011/12/inmortales-immortals.html

Hugo - La invencion de Hugo Cabret




Martin Scorsese tiene fama de ser un gran director de films que no son para todos los géneros. La mayoría de sus obras maestras como Taxi Driver, Goodfellas o Toro Salvaje son para un público mayor donde se retratan temas más oscuros y marcados por una cruenta cuota brutal; pero ya a sus 65 años realiza una obra totalmente diferente y ajena a sus producciones, distinta en forma y fondo pero que lo consagra como un enorme cineasta.

Hugo narra la historia de un niño huérfano que vive escondido en una estación y se ocupa de arreglar relojes. Se verá envuelto en una misteriosa aventura cuando intente reparar un robot estropeado. Un día conoce a una chica (Chloë Moretz) que tiene la llave que podría resolver el misterio del robot... El guión adapta un libro infantil que ganó el premio Randolph Caldecott en 2008.

Cuando me enteré del film no me llamaba la atención lo suficiente, es más, pensé que sería una película que no lograría trascender por ser un estilo ajeno a lo que este mítico director ha elaborado; pero tras un muy interesante trailer y un par de reseñas previas consiguió atraerme lo suficiente para visionarla. ¿El resultado? Insuperable.

Hugo es Cine, es vida, es magia, es fantasía. Somos transportados a vivir una aventura única donde los inicios del séptimo arte forman la parte trascendental del film y su construcción ayudados de la aventura que comienza un niño huérfano y su amiga recién conocida logrará tocar el corazón hasta del más duro. Una película tan humana como profunda.

Scorsese logra un trabajo de dirección enorme, quizás su mejor trabajo en los últimos 20 años. Sabe tocar la fibra emocional en el momento preciso y evoca la sonrisa y el suspenso a partes iguales sin desperdiciar nada.

Hugo habla sobre la soledad y la frustración, sobre el vivir los sueños, sobre creer el propósito por el cual se existe y se lucha. Hugo dice "Es mi última oportunidad de funcionar" en un momento de la película, un niño que no tuvo la fortuna y el placer de disfrutar de una compañía materna, pero que su único ídolo fue su padre, quien luego falleció sin siquiera decirle adiós. Hugo creció a escondidas, siendo un sobreviviente más en la estación de trenes de la ciudad Luz a expensas de lo que pueda suceder y lo que el destino tenga para él. Pero Hugo Cabret es brillante, perspicaz y ambicioso el buen sentido. Tiene orgullo y a la vez es humilde, ha forjado su carácter en un mundo donde el más sabido logra sobresalir. Scorsese nos hace parte de esta historia empezando con un prólogo de lo mejor en años, y luego volviendo a cautivar con cada fotograma. Hablando de sueños Hugo tiene la sutileza y la inteligencia de presentarnos a diferentes personajes marcados por algo en particular, esta vez, sueños frustrados. Hugo es un niño que a temprana edad le han roto las esperanzas de creer en algo, pero aun no se rinde, busca la manera de descubrir un secreto que piensa ser la clave de algo importante en su vida, y desde un inicio a contrapartida, al personaje de Ben Kingsley le intuimos que también ha perdido algo en su vida, algo del pasado que lo ha marcado con desdén, juntos en universos diferentes buscan cumplir sus sueños, recuperarlos y vivir en ellos.

Hugo habla sobre traspasar barreras y las limitaciones. Con constancia y sin desentonar el sentido del film, presenciamos cómo diversos personajes deben lidiar con sus "problemas" para conseguir lo que desean, lo que al final logran beneplácitamente.

Hugo es cine en todos sus minutos, todas sus escenas están propuestas y marcadas con una sensación de estar disfrutando de una mezcla de lirismo y creatividad a porciones iguales.

Es el mejor homenaje al cine desde la maravillosa Cinema Paradiso (ni siquiera The Artist con todos su premios emula con gran tacto la magia de esta película).

Asa Butterfield y Chloe Moretz son los encargados de transportarnos a esta aventura simpática que se vuelve cada vez más vibrante. Ambos se lucen, en especial el primero, que interpretando a Hugo logro interpretar que tiene un prometedor futuro como actor. Ben Kinsgley está notable al igual que Helen McCrory y Sacha Baron Cohen.

El guión está plagado de hermosa frases, tal vez en conjunto a muchos les parezca predecible, pero por separado en momentos exactos tiene el enganche y el encanto preciso y necesario: "Si alguna vez preguntan de dónde vienen tus sueños, mira a tu alrededor" o "Ven y sueña conmigo", definitivamente calan en los sentidos más recónditos de todo buen cinéfilo que se preste.

Y la ambientación se soberbia. En años he visto una ambientación igual a la que se recrea en Hugo. Dante Ferreti hace un trabajo superior y el vestuario de Sandy Powell es notable (Oscar ya!); y Howar Shore consigue plasmar una banda sonora perfecta para la película con temas constantes llenos de vida y esplendor que aúnan singificativamente el valor que el film posee.

Hugo es una obra maestra trabajada con pulso y atino. Un encantador recorrido por los orígenes de nuestra pasión, el cine, que no desentona ni por un momento y convierte lo que a principio parece infantil, en una muestra clara y contundente del poder de las imágenes, de que el cine es magia, y una magia que vive.

¡No se la pierdan por nada! Disfrútenla como si fuera una más, pero terminarán encantados y tocados como yo.

Tiene 11 nominaciones al Oscar, si por mí fuera no dudaba en darle todos.