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domingo, 11 de marzo de 2012

Crimen en Familia - All Good Things



















El cine y la literatura, históricamente se han valido del amor para explotar su potencial al máximo. Y muchas veces se han dedicado a retratar esos amores que cualquiera de nosotros desearíamos vivir, el famoso “amor de película”: caóticos pero de ensueño (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), parejas en las que sólo importa el amor (Diarios de una pasión), amores perturbadores pero amores al fin (Frida), etc. Esos amores que son tan perfectos e irreales que sabemos que en algún momento se derrumban y cae el velo que descubre la realidad. Y es muy común de estos amores tan intensos ver cómo se pasa instantáneamente del amor al odio, del amor a la muerte. Crimen en familia (All good things, Andrew Jarecki, 2010) es un combo de estos ingredientes tan usados en el cine: amor y crimen.

Basándose en hechos reales Crimen en Familia cuenta la historia de David (Ryan Gosling), hijo de un millonario (Frank Langella), que vive una vida sin objetivo y que nunca ha podido superar el suicidio de su madre. Al conocer a Katie (Kirsten Dunst), una joven sencilla, amorosa e inteligente, cambiará sus hábitos y juntos construirán un matrimonio casi perfecto. Hasta que David comenzará a comportarse extraño, sospechoso, a aislarse, a ser violento y las cosas no irán nada bien entre la pareja. Dentro de estos hechos se producirá la misteriosa desaparición de Katie, de la cual David será el principal sospechoso.

Este es el tipo de películas que suelen sorprenderme gratamente: con un argumento ya visto y trillado y no mucha difusión, se logran productos interesantes e innovadores. Creo que lo más destacable del film está en la construcción del personaje de David, que Gosling lleva de maravilla, creando un carácter sumamente oscuro, enigmático y escalofriante. A partir de la figura de este personaje se estructurará el relato subyacente sobre la relación contradictoria pero real entre amor y muerte. Desde su primer amor (su madre) David lo verá corrompido por la muerte, por una brutal y de la cual él será testigo directo; al encontrar nuevamente el amor en Katie (ya que con su padre mantenía una relación pésima), cuando todo parece ser perfecto y parecen estar viviendo en un sueño, su carácter empieza a mutar y en ese quiebre es donde entra en escena el crimen. Es bastante llamativo cómo la atmósfera del film va adaptándose al gradual desarrollo de la nueva faceta que el protagonista va dejando ver: al principio, la película tiene una iluminación clara, con un tono vintage y muchas de las escenas son al sol. De a poco, desde la casa que compran, los ambienten van siendo más sombríos y muchos de los sucesos más tenebrosos suceden lógicamente por la noche. El desencanto de a poco va llevando al odio, lo que era el mismísimo paraíso se convierte en un infierno del cual es imposible salir.

Katie que se presentaba como una chica pura, inocente, bella, irá también mutando su carácter a partir de los sucesos violentos que comienza a vivir: su personaje, todo un ideal romántico, se convierte en sombrío: la chica que antes tenía un maquillaje más que sutil y vestía naif, luego será adicta a la cocaína, se pintará los ojos de negro y vestirá como millonaria arrogante.
Realmente todo el suspenso que contiene el film (que no es poco, pero no es el tradicional hollywoodense) es creado a partir de estos cambios progresivos que van oscureciendo los caracteres y creando un verdadero thriller psicológico. Mientras que el agregado de “historia real” le aporta aún más escalofrío a la historia. Pero es muy interesante el hecho de que no haya escenas muy gráficas de los crímenes, sino que justamente el suspenso se construya a partir de los caracteres, y que el odio entre ellos vaya creciendo inminente, con el disimulo y ocultamiento de por medio. Cada personaje nos da la sensación de estar llevando a cabo una estrategia de venganza que puede dar el zarpazo en cualquier momento, lo que nos mantiene permanentemente expectantes. Y en relación a esto puedo decir que el espectador es inevitablemente arrastrado por esta intensa historia (o por lo menos en mi experiencia) que primero lo endulza y luego lo va invadiendo con un sabor amargo y lo hace entornar los ojos ante los sucesos morbosos e inesperados y lo hace tomar un lugar en la batalla psicológica que se libra en la pantalla.



Fuente: http://www.indiehoy.com/cine/crimen-en-familia-hasta-que-la-muerte-nos-separe/

jueves, 23 de febrero de 2012

La Piel que Habito




En La piel que habito (2011), un Pedro Almodóvar de lo más inspirado nos ofrece su versión del mito de Pigmalión, en clave perversa y esperpéntica, apoyándose en el texto del escritor francés Thierry Jonquet.

Aunque se trataba de un proyecto que llevaba varios años rondando en la cabeza del cineasta manchego –trasladar a la gran pantalla la novela negra Tarántula (Mygale), publicada en 1984–, esta película ha sorprendido a propios y extraños. Presentada en Cannes y estrenada en España a principios de septiembre, La piel que habito se revela como una particularísima revisión de los estándares del género de terror, concretamente de la variante dedicada a los "mad doctors", aquellos científicos locos con ínfulas de dios que satisfacen su ambición a golpe de bisturí, microscopio o probeta.

El filme relata la retorcida historia de Robert Ledgard (Antonio Banderas), un prestigioso cirujano plástico inmerso en una investigación revolucionaria: la creación de una piel artificial resistente a las agresiones. Lo que no saben sus colegas es que el brillante doctor empleará todos los medios que estén en su mano, incluido el uso de una cobaya humana, una praxis inmoral justificada no solo en nombre de la ciencia, sino también en el de una oscura y retorcida venganza.

Una mezcla de géneros, pero sobre todo terror

Como declaró el propio autor, La piel que habito es un "intenso drama que a veces se inclina por el noir, a veces por la ciencia ficción y otras por el terror"¹, un popurrí de géneros que en ningún caso deja de lado el humor (negro) que caracteriza a su obra, en esta ocasión especialmente vitriólico. Como suele ser habitual en su cine, Almodóvar combina los momentos a caballo entre lo camp y lo netamente esperpéntico –por ejemplo, todos los relativos al personaje de Roberto Álamo, empezando por su improbable disfraz de tigre juguetón– con el melodrama de corte folletinesco y el terror.

Un terror que no se basa en sustos: en ningún momento la película trata de meter miedo al espectador ni de someterle a una situación de tensión constante. Tampoco se deja llevar por los excesos del torture porn, desdeñando recrearse más de lo necesario en las prestezas quirúrgicas del protagonista. Pero sí de un terror que se infiltra de forma insidiosa, alimentándose de una atmósfera malsana y de unos personajes extremos, entre los que destaca el científico encarnado por Banderas. Frío, despiadado, brutal, el doctor Ledgard es –en palabras del cineasta manchego– "un hombre que encarna el abuso de poder más absoluto, sin ningún escrúpulo. Un ser terrible que se cruza con otro personaje con una capacidad indescriptible de supervivencia y al que somete a unas pruebas que yo no había pensado que podría escribir jamás"².


De científicos locos y sus creaciones femeninas

Claro que si el doctor es un personaje extremo, también lo es su hermosa creación: Vera, un papel concebido inicialmente para Penélope Cruz y desempeñado finalmente por Elena Anaya. La actriz palentina luce como nunca en esta película y su piel –retocada digitalmente– le otorga una belleza casi sobrenatural.

Almodóvar, también autor del guion, consigue integrar en su personalísimo universo la turbadora historia del novelista francés, alternado los nombres de los protagonistas y muchos de los acontecimientos pero conservando intacta la esencia perversa y vengativa del original. El Richard Lafargue literario se convierte en Robert Ledgard y su prisionera Ève, llamada no en vano con el nombre de la primera mujer bíblica, en la igualmente hermosa Vera.

El director y guionista fusiona el original con múltiples referencias. El comienzo, con el personaje de Banderas dando una conferencia, es un guiño a la obra de culto Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960). En esta pequeña joya dirigida por el francés Georges Franju un cirujano plástico (Pierre Brasseur) trata de restituir la belleza de su hija (Edith Scob), desfigurada en un accidente de coche, mediante un transplante completo de rostro, lo que implicaba arrancar la cara –y la vida– de pobres muchachas que actuaban como donantes involuntarias.

Recreando a la esposa muerta

La piel que habito no solo se nutre de este clásico, también de otros filmes –con clara vocación sexploit– situados tras su estela como La rosa sangrienta (La rose écorchée, Claude Mulot, 1970) o La mano che nutre la morte (Sergio Garrone, 1974). Al igual que sucede en estas dos películas, el rostro y el cuerpo de la mujer de Ledgard –un personaje inexistente en la novela– serán gravemente dañados por el fuego; si bien el doctor no será capaz de recomponerla, esta desgracia marcará sus futuras investigaciones.

De hecho, el habilidoso cirujano pondrá a Vera el rostro de su fallecida esposa, un detalle nada baladí incorporado por Almodóvar que entronca La piel que habito con la amplia tradición artística y literaria de muertas –o desaparecidas– veneradas y (re)creadas por sus viudos desconsolados, que ha dado productos cinematográficos como Stolen Face (Terence Fisher, 1952) y Vértigo. De entre los muertos (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1958). Aun siendo el blanco de una retorcida venganza, la bella y enigmática Vera se sumará al panteón de creaciones femeninas amadas a la vez que odiadas, modeladas, objetualizadas y esclavizadas por parte de misóginos Pigmaliones.

Fuente: http://www.cineyletras.es/Critica/critica-de-la-piel-que-habito.html

jueves, 16 de febrero de 2012

Detras de las Paredes



El director irlandés Jim Sheridan, comenzó su carrera con el pie derecho al dirigir, en 1989, Mi pie izquierdo. El tiempo ha pasado y Sheridan ha sabido demostrar, con algún que otro altibajo (véase Hermanos) que es un artesano eficaz y que el drama humano es su terreno ideal. También ha sabido demostrar que, cuando se aleja por géneros desconocidos, las metidas de pata que se puede despachar son de tamaño XXL, para demostrarlo ha dirigido Detrás de las paredes, un horror de thriller.

Daniel Craig es Will Aterton, un buen padre de familia y devoto esposo, quien ha decidido renunciar a su trabajo y así pasar más tiempo con su amada familia. No solo eso, también ha comprado una casa en los suburbios, la cual sirve como refugio ideal para mantener feliz a su esposa, Rachel Weisz, y a sus dos pequeñas hijas. Como cualquier thriller dicta, no tarda mucho en romperse la paz del idílico lugar. ¿Qué se oculta al interior de la casa soñada? ¿Quiénes fueron los anteriores habitantes del lugar? ¿Por qué todo el mundo actúa tan de manera tan extraña? Y, lo más importante, ¿a cuántas películas se puede parecer este film? El resplandor, El sexto sentido, Una historia de dos hermanas, La isla siniestra, son solo algunas de las realizaciones de las cuales Detrás de las paredes toma elementos, para crear un compendio de lugares comunes, que no convencen, asustan ni mantienen vivo el interés. Y es que, aunque tengas un buen grupo de actores, si no tienes una buena historia, hasta la casa más sólida se viene abajo, partiendo por las paredes, claro.

Fuente: http://latercera.com/noticia/cultura/2011/10/1453-398518-9-critica-de-cine-detras-de-las-paredes.shtml